Adaptación y Esencia: Fluir sin diluirte
Como el agua del río
Esta semana leí un post de mi amigo y mentor Bob Burg que resonó profundamente en mí y me hizo reflexionar mucho sobre la adaptación.
Haces unos meses, en una interesante sesión con mi terapeuta, hablábamos de mi proceso de adaptación en un país que no es el mío, en el que vivo desde hace tres años.
En ese momento tomé notas, como siempre lo hago, y después de leer el artículo de Bob, volví a ellas para tener más fresco lo que anoté aquel día.
De esas notas puedo resumir algunas de las cosas que escuché de Any, mi terapeuta. Empezamos hablando de que la adaptación es un proceso activo de ajuste, que muchas veces implica modificar comportamientos y hábitos. Estuve de acuerdo, pues es exactamente lo que he hecho, aunque solo desde que dejé de resistirme a ella. Durante mucho tiempo confundía la adaptación con el sentido de pertenencia, y en esa sesión descubrí que son dos cosas distintas.
Pertenecer es un estado emocional y social.
Es esa sensación de ser aceptado, valorado y reconocido como parte de algo.
Volviendo al artículo de Bob, me encantó lo que leí sobre la adaptación. Aunque su punto no es especificamente adaptarse a otros ambientes me sirvió enormemente. En él se cita una frase de Paulo Coelho de su novela Maktub:
Las aguas de un río se adaptan a cualquier ruta posible, pero nunca olvidan su único objetivo: el mar. Tan frágil en su nacimiento, poco a poco va adquiriendo la fuerza de los demás ríos que encuentra. Y, llegado a cierto punto, su poder es absoluto.
Lo que interpreté para mí fue la idea de que podemos adaptarnos a las diferentes situaciones, lugares o retos de la vida sin perder nuestra propia esencia. De la misma manera que el agua del río fluye bordeando las piedras hasta llegar a su destino.
Adaptarse no es borrarse
Es una habilidad, como la del agua del río que llega al mar sin perder su esencia. Pienso que hay un malentendido generalizado de que adaptase implica rendirse, diluirse o dejar de ser quien eres para complacer al entorno.
Hasta yo lo creía así. Me resistía a adaptarme y a hacer cambios pensando que iba a perder mi esencia.
La adaptación que practico y que se ha convertido en una fortaleza, es como la del árbol en la tormenta, donde sus ramas se mueven y pueden ceder con el viento pero sus raíces siguen ahí. Lo que permanece es la esencia.
Al conectar la diferencia entre adaptarse y pertenecer que escribí en mi diario durante aquella sesión con Any, con esa frase del artículo de Bob, sentí una gran liberación..
Sé que puedo adaptarme aquí o allí. Y sé que puedo, también, conservar mi esencia. Saber quien soy y de donde vengo es mi mayor fortaleza.
¡Feliz Semana!
Pili



Qué buen “reframing” Pili, las palabras están llenas de significado y matices que a veces confunden, pero que muchas otras nos iluminan con su claridad!