Cuando agitan los vientos de la soledad
Extrañar, estar sola y encontrar luz en lo cotidiano
La soledad es una de las cosas que influyen negativamente en el envejecimiento, he leído infinidad de veces. Puede ser. Desde mi experiencia, sobre todo después de haber emigrado, sé que es una de las cosas más tristes que puede vivir un ser humano.
También he leído infinidad de veces que no es lo mismo estar solo que sentirse solo. Y, también, puede ser. En mi caso particular me gusta estar sola por momentos en el transcurso del día. Tener mis espacios de ¨solitud¨, esa sensación de estar a gusto conmigo misma, a la cual me engancho sin nungún problema por ratos. Pero cuando agitan los vientos de la soledad, de sentirme sola, es como si me ahogara en un inmenso mar en su estado más bravo.
Ese sentimiento, muchas veces inminente, de soledad absoluta por el que pasamos tantos inmigrantes es muy triste. Además, llega a ser desesperante. Y también, desesperanzador.
Pero entonces ocurren esos momentos inesperados que te dan un empujoncito. Como me pasó hace un par de días, en la consulta del dentista, experimenté uno de ellos. No fue nada extraordinario: una doctora que me atendió y me escuchó con genuino interés, que sonrió de verdad, que preguntó cómo estaba más allá de mis dientes. Fueron solo sesenta minutos, pero en esa hora sentí que alguien me acompañaba.
Hoy fue en mi clase de flamenco, empezando por la profesora, Katie. Una mujer muy fina y muy buena maestra. Llegué a la clase luchando contra esos vientos que han agitado fuerte esta semana y que amainaron a medida que mis manos volaban como palomas y mis pies se movían con el ¨tico ta ta¨ del zapateo por tangos que estamos aprendiendo.
Ayer mismo lo viví también y tuve que escribirlo en mi diario,
—A pesar de que hoy ha sido uno de estos días donde el sentimiento de soledad agita con fuerza, he logrado sonreir leyendo uno de los párrafos de la novela de Maryse Condé, La Deseada:
...llegaba al paseo marítimo y se mojaba los pies en el Mediterráneo, tan frío y tan apagado en comparación con el mar Caribe de su infancia.
Esos pequeños milagros, como el de la lectura, la visita al dentista y mi clase de flamenco, ocurren incluso aquí, incluso lejos de casa. Lejos del mar Caribe. Y aunque la soledad vuelva después, ahora sé que hay grietas de luz por donde puede colarse la esperanza.
¡Feliz Semana!
Pili



Querida Pili, has salido valientemente al mundo. Como las olas que llegan a la orilla, a veces los sentimientos nos invaden. Otras veces, se deslizan suavemente sobre los pies, recordándonos quiénes somos, dónde hemos estado y qué es valioso. Gracias por compartir tu camino con nosotros.
Me encantó