Elena y Yo
Un año después de publicar mi primera novela, la distancia entre mi personaje y yo misma sigue siendo poca
A tan solo tres copias para que se agote la primera edición, de cien, de mi novela. A tan solo un año de su publicación.
Me siento orgullosa.
Sanada. Pero también impaciente por la segunda edición.
El Viaje de Elena es una de esas cosas que tienen que nacer porque sí. Porque están listas para ver la luz. Es una de esas cosas que están en el momento y situación correctas.
Cuando emigré a los Estados Unidos, después de pasar la luna de miel de todo el proceso de inmigración, me llegó la oportunidad de participar en un curso de escritura creativa. Pensar tu Novela.
Fue un curso corto. De tan solo tres semanas. Tiempo suficiente para entender que ya tenía una novela dentro de mí. Tiempo para entender, también, que tenía que seguir sanando, pero sin imaginarme que ese proceso iba a ser al final una catarsis.
Las tareas fueron una pasada, escribía y escribía. Con el alma en vilo, poniendo en el papel todo lo que se acumulaba por dentro. Y así ese curso dio paso a otro. Novela Corta. Con la misma profesora. Otra caribeña, escritora exitosa, con la que conecté de una vez. De la que aprendí un montón acerca del mundo de la escritura creativa y de ficción. De narradores, personajes y escenas.
Este último curso duró tres meses. Pero cuando se terminó, yo seguí haciendo mi tarea. Y escribí, escribí, por el resto de ese año. El 2024. Recuerdo perfectamente donde escribí algunos de los capítulos. A veces metida en la habitación de un hotel, acompañando a Scott, mi esposo, en uno de sus viajes para asistir a conferencias.
Es una novela inspirada en mi historia de migración. Es una novela que trata de cómo los traumas de la niñez se disparan con un proceso tan radical como mudarse a otro país de lengua y culturas tan distintas a las que conocemos de toda la vida.
Una mujer de sesenta años, que vive todo eso. Que lo dejó todo atrás por amor. Elena se muda a Ciudad del Lago, después que su novio le propone matrimonio. A casarse allí y acompañarlo hasta que él se retire.
Todo es bello al principio. Claro, es la etapa de la luna de miel. Así se llama la primera etapa en el duelo migratorio. Pero a medida que pasa el tiempo y las cosas van aterrizando y te das cuenta de una vez por todas lo que perdiste y dejaste atrás, hijos, tu ciudad, clientes, amigos, familia, entonces aparece la nostalgia inminente, con la que de hecho, se vive siempre.
Esa nostalgia de los inmigrantes que coexiste con otras emociones, cada día del resto de la vida. O por lo menos hasta que vuelvas al orígen, a lo que resuena, donde perteneces.
Y empiezas a sentirte incomprendida. Ahí estaba yo, como mi Elena. Podría decir, ¨la pobre. ¡Quién la mandó! Pues nadie más que yo misma. Es solo que cuando estamos enamorados, estamos también ciegos.
Una persona con valores muy arraigados como la belleza y la limpieza, viviendo en una casa vieja, pequeña, y dos perros. Bien grandes. Dime tú. Una terminación inminente y, además, forzada, de su luna de miel.
Lo peor que le puede pasar a un inmigrante es compartir su vida con otra persona que nunca ha sido un inmigrante. Expuesta a esa falta de compresión latente como un fuego interno y que hace que la frustración haga su entrada magistral en tus días.
Mi novela trata de todas esas emociones que suben a la superficie. Que están a flor de piel cada día, hasta que puedes más o menos entender por qué se dispara todo eso con el choque cultural y, entonces, empiezas a sanar.
La novela sanó algo en mí antes de que nadie más la leyera. Después vino el momento de compartirla. Todavía me emociono al recordar lo perfecta que quedó la actividad de puesta en circulación. El gran apoyo que tuve. De personas muy queridas. Todo lo que vendí esa tarde. Cómo el conversatorio dirigido por mi hijo, Jaime, fue lindo y rico. De las preguntas que me hicieron.
También hablamos del proceso de confección del libro. La portada fue diseñada por mi segundo hijo, Alejandro. Diseñador gráfico. Y el libro en sí hecho y cosido a mano por Jaime. En la editora de ellos dos. Ediciones Cuadrado. Y como puso Jaime en el libro, ¨Somos buenas personas.¨
Una novela corta, un sueño hecho realidad. Una catarsis, que me hizo quitar capas y capas y me dejó en carne viva en muchas ocasiones. ¡Pero bien! Me siento agradecida. Y luego que se te infle el corazón de alegría de pensar en todas las personas que te han leído. Y en todas las que auténticamente tomaron de su tiempo para retroalimentar.
Un viaje precioso. Y aunque impaciente, ya quiero repetirlo.
¡Feliz Semana!
Pili
Nota: Dos semanas después de haber escrito este artículo, empecé a escribir mi segunda novela. En eso estoy. Y estoy feliz.
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