La belleza de las cicatrices
El Kintsugi (reparación dorada) es una técnica de origen japonés que se usa para reparar las fracturas de la cerámica con una resina mezclada con polvo de oro. Y forma parte de una filosofía que plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto, y que deben mostrarse en vez de ocultarse, y además hacerlo para embellecer al objeto, poniendo de manifiesto su transformación e historia.
Muchos psicólogos y talleristas han basado su trabajo en esta técnica y, algunos la han llamado el arte de querer nuestras cicatrices o la belleza de las cicatrices de la vida. Y después de haber investigado y leído sobre este tema tan interesante que, confieso descubrí hace poco viendo un reportaje en televisión, lo he asumido como el arte de ver la belleza en las cicatrices del alma o del corazón, esas que nos deja la vida.
Esta filosofía o arte japonés nos enseña una gran lección y es que la verdadera perfección, tanto estética como interior, puede surgir de la imperfección, de las heridas y el dolor. En este sentido la ruptura no representa el final de la pieza de cerámica. Y bien podemos aplicar eso a nuestras vidas. Viendo nuestras experiencias negativas, el dolor, las heridas, como algo que nos hace mejores personas y como una oportunidad para empezar de nuevo en un mejor espacio humano.
Hay un increíble valor en el dolor y el sufrimiento, si nos permitimos sentirlo y cruzarlo medio a medio, y es que en el otro extremo lo que encontraremos será belleza, paz y sabiduría.
Ojalá ante cada adversidad en nuestro camino podamos enfocar nuestra mirada en la lección de este arte milenario que nos sirve de metáfora para mirar nuestras cicatrices como algo que nos embellece y nos hace mas sabios.
¡Hasta el próximo viernes!
Para pensar:
¿Qué me han dejado en mi haber mis momentos más oscuros?


