La Pose de la Juventud
Un regalo que se trabaja
Cada vez que bajo hasta el suelo, y junto mis manos en señal de oración, dudo de mi edad. A los 62 años, lo que parecería algo imposible de hacer, se siente cómodo, se disfruta. Y es que podría quedarme allí por minutos.
El estiramiento y al mismo tiempo la recarga de energía son inminentes. Pienso en todo lo que se libera, y que ha sido almacenado durante el trabajo semanal del ejercicio pero, también de las emociones.
En yoga, es una de mis poses favoritas. Lo es también como algo rutinario. La uso mucho para estirar después de ejercitarme. La sentadilla profunda o Malasana, o la pose de la juventad como le dice mi hija, tiene varios significados. Desde el espiritual que invita a la humildad y, sé que es así. Por eso juntar mis manos en señal de oración sale automático cuando estoy tan cerca del suelo. El emocional, ya que nos hace liberar tensiones y volver a nuestra estabilidad interior. El físico. Estira todos mis músculos de la cadera y la espalda baja, también mis aductores.
Bajar hasta lo profundo, conectar directamente con el suelo, sentirme más humilde, liberar tensiones y doblegar al ego, además de estirar y mejorar mi rango de movimiento es un regalo que a mis 62 años puedo recibir cada vez que quiera.
Una de mis clientas, 56 años, hace esta pose perfecta. Su espalda completamente recta, sus talones pegados al piso y su aterrizaje no podrían ser mejor. Ella con 56 y yo con 62 compartimos ese regalo. Aunque debo admitir que todas las demás, también, bajan hasta el suelo.
En realidad, lo más lindo de todo es que todas podemos compartir este regalo. Llegar hasta el suelo y quedarnos ahí por minutos. Desde la más mayorcita, 73 hasta una de las más jóvenes, 56.
¡Feliz Semana!
Pili
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