Las Cuentas que Transforman el Corazón
Mi Camino de Escepticismo a Devoción
Estoy tan acostumbrada a rezar el rosario todos los días que a veces me encuentro a mi misma pensando en cómo era mi vida antes de adquirir este hermoso hábito, de donde me agarraba espiritualmente y qué le daba sentido a mis días.
Aunque crecí y fui bautizada en la religión católica y asistí a una escuela de monjas, apostolinas, ese ritual siempre estuvo muy ajeno a mi vida aún cuando en un período de tiempo determinado iba a misa todos los domingos, pero qué difícil se me hacía el dichoso rezo.
Empecé a rezar el rosario sin fallar un día el año pasado en verano, cuando los juegos de basquet estaban en sus buenas, o sea en la finales de la NBA. Aunque vivo en Utah y me volví fan de los Jazz, siempre sentí que me encantaba el equipo de Boston, los Celtics, quizás porque nuestro Al Hartford jugaba en este equipo y luego porque un día vi una publicación de cómo el coach de los Celtics, Joe Mazulla, que estudió en una escuela católica, es un fan del rosario y en esta publicación él mismo decía que lo rezaba antes de cada juego, caminando alrededor del Boston Garden.
Yo había empezado a caminar como parte de mi empeño por perder peso y también por mi salud mental.
Y pensé que iba a empezar esta práctica mientras caminaba y así lo hice.
Los primeros días me costaba mucho, me daba verguenza que me vieran en la calle con el rosario en la mano, las cuentas me pesaban, me perdía y ni siquiera sabía cómo ni en qué momento iba a poner mis intenciones.
Pero mi práctica se fue transformando poco a poco en la medida que mi energía y mi espíritu también. Cuando me operaron del hombro este año en verano, lo rezaba en la sala desde que me levantaba, con mi café en mano. Cada día sentía más y más paciencia, claridad y esperanza.
Necesitaba sentir esa seguridad de que la Virgen cubriera con su manto a mis hijos, que están tan lejos de mi, y de que mis intenciones fueran escuchadas.
Todo se fue organizando en mi interior y exterior para que este nuevo hábito, que es también un hábito fundamental como el ejercicio, hiciera de las suyas.
Desde septiembre de este año diseñé un espacio, precioso, en mi habitación desde el cual puedo mirar hacia las montañas. Y fue ahí donde encontré finalmente el sitio perfecto para mi práctica. Aquí rezo mi rosario todos los días sin fallar y he atado ese hábito al de ejercitarme, ya que cuando termino entonces salto como si el sillón donde estoy sentada tuviera un resorte que me empuja, sin pensarlo, a moverme.
Mi vida antes del rosario
Antes del rosario mi vida era como un cable suelto. Le faltaba un sentido profundo, me perdía en mis oraciones, sentía que éstas rebotaban en el techo y sentía que iba a la deriva cuando oraba. Y, además, no era constante con eso de todos modos.
Me sentía ansionsa, dispersa, vacía y desconectada de Dios. A parte de que todavía existía en mi ese escepticismo con el rezo del rosario y me lo encontraba aburrido y anticuado, pensaba era cosa de viejas, perdón, de señoras mayores.
Mi vida después del rosario
Después del rosario, o sea mi ahora con este hábito incorporado, mi vida tiene un propósito profundo, está llena de alegría, paz, esperanza, fé. Me siento segura de que soy escuchada y de que mis intenciones son escuchadas. Y sé que sí pues, he recibido varios milagros. ¡Amén!
Ahora entiendo todas las excusas que inventé para no incorporar este hábito y la falta de paz que tenía. Recuerdo como mi rosario se quedaba en la mesita de noche como un reproche silencioso. Lo miraba y decía: mañana lo intentaré seguro.
Todo cambió cuando entendí de que no se trataba de rezarlo perfecto, sino de simplemente empezar, aunque fuera con desgano. Ese fue el momento decisivo. Ahí empecé a rezarlo imperfectamente hasta que se ha vuelto un ancla en mis días.
El otro día conversando con una de mis tías, Tita, le comentaba,
—Qué hábito más bueno el de rezar el rosario, sin eso no puedo empezar mis días. Ella me dió un ejemplo de cómo reagrupa sus intenciones, sí porque quieres pedir por todo el mundo.
Asignar una intencion por cada cuenta o por cada misterio. ¡Qué belleza!
En estos días, recordaba cuando mi coach de Peak Performance comentó en una de las sesiones que rezar o rezar el rosario puede generar estados similares al flujo (estados de flow), aunque no sean idénticos al concepto clásico de Mihály Csíkszentmihályi.
Me puse a investigar y descubrí que:
El rosario representa un tipo de “flow contemplativo” o “flow devocional”, una variante legítima que las tradiciones espirituales han cultivado durante siglos. Y aquí te cuento los puntos de conexión:
Características que comparten
La repetición rítmica del rosario (las avemarías, padrenuestros) crea un patrón similar a prácticas meditativas que pueden inducir estados de concentración profunda. La combinación de oración vocal, meditación en los misterios y el movimiento repetitivo de las cuentas puede generar una especie de “absorción contemplativa” donde pierdes la noción del tiempo. Esta es una de las características de los estados de flow o flujo.
Diferencias clave con el flujo tradicional
El flujo clásico requiere un equilibrio entre desafío y habilidad en tareas con objetivos claros y retroalimentación inmediata (como tocar música, escalar, programar). El rosario es más contemplativo y menos orientado al rendimiento o logro de metas externas.
Lo que dicen estudios
Investigaciones sobre prácticas repetitivas religiosas (incluyendo el rosario) muestran que pueden inducir estados de calma, reducción del estrés y alteraciones en la actividad cerebral similares a la meditación mindfulness.
Algunos estudios han encontrado que la oración repetitiva sincroniza con patrones respiratorios y puede generar coherencia cardíaca, que es estado de sincronización y armonía entre el corazón y el cerebro.
Probablemente sea más preciso decir que el rosario genera un estado meditativo o contemplativo que comparte algunas características con el flujo (concentración, pérdida de autoconciencia temporal, sensación de paz), pero con un propósito y mecanismo diferentes.
Ahora me doy cuenta de por qué estoy adicta a mi rosario, además, y es que al ser casi una mímica del estado de flow, uno se siente tan bien que quieres volver y volver a esta práctica tan maravillosa.
¡Que tengas una linda semana, llena de muchos milagros y de mucho flow!
Pili
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