No Hay Dos Sin Tres: Entre el Humo de Kamas y la Sal de Playa Bonita
Entre el Silencio que Hace Ruido y las Olas que Nunca Callan
El fin de año pasado recuerdo perfectamente haber declarado que el próximo fin de año lo pasaríamos en Las Terrenas, en Playa Bonita. Siempre sentí que fueron palabras al aire, nunca imaginé que este sueño se manifestaría.
Y aquí estoy en Terrenas.
En Playa Bonita.
Lugar que me transporta a dulces momentos que viví varios años antes.
Y desde aquí, rodeada de las aguas del Océano Atlántico en la Bahía de Samaná, entre sol y arena, me he pillado a mi misma pensando en mi otra casa, Kamas, Utah. Recordando el amanecer del día antes de Nochebuena.
Uno de los más lindos que he visto y la última caminata que hice.
La última del año 2025.
Pero en Kamas no hay mar. Y eso lo extraño mucho. Sin embargo, hay una belleza exhuberante. Y es lo que disfruté en esa última caminata.
Una nueva ruta que había descubierto unas semanas antes. Cinco kilómetros de extensiones de tierra con sus casas y respectivos graneros, salteadas. Eso siempre me ha gustado de este sitio. No hay aglomeración y se puede apreciar todo de una manera más selectiva, relajada.
Ese medio día de mi caminata, el viento soplaba bien fuerte. Se avecinaba una tormenta de nieve el día de Nochebuena. Todos estaban contentos pues no había nevado en casi todo el mes de diciembre. Y el viento no impidió mi último esfuerzo tratando de mantenerme activa antes de viajar a mi media isla.
Aunque el viento soplaba fuerte, pude sentir, contradictoriamente, la serenidad del ambiente, ese silencio extremo que llega a hacer ruido y el olor a las chimeneas que tanto me gusta.
Es un olor entrañable que despierta recuerdos, evoca sensaciones nostálgicas y al mismo tiempo es tan reconfortante.
Ese olor a madera quemándose, ese aroma cálido que parece tener temperatura propia y que se mezcla con el aire frío.
El paisaje marrón inconfundible del invierno, los árboles sin hojas.
Todo seco. Qué contraste tan grande con el sitio donde ahora me encuentro.
Playa Bonita, donde todo es verde y azul. Aquí no hay nieve. Aquí nada es marrón.
Aquí hay palmeras.
Kamas te envuelve en lo cálido y terrestre. Playa Bonita te abre al horizonte y a lo marino.
Es increible como soy parte de estos dos sitios tan distintos. He aprendido a querer a Kamas, pero me inclino, y creo que siempre lo haré, por Playa Bonita. No hay nada como el sonido del mar.
Pero como dicen ¨No hay dos sin tres¨ y mi vida sigue entre el humo de las chimeneas de Kamas en invierno y el constante rugir del mar de Playa Bonita, a la que pretento seguir viniendo una y otra vez.
Y quizás el tres sea justamente esto: la capacidad de amar dos lugares tan distintos sin traicionar a ninguno, de pertenecer a dos mundos sabiendo que ninguno me posee completamente.
¡Deseo que tengas un 2026 lleno de cosas bonitas!
Pili



