Mi esposo y yo solemos dedicar tiempo, cada noche, a ver series, con las que en los fines de semana, entonces, maratoneamos. Aquí no hay mucho que hacer y, a veces, nos basta y sobra con la vista hacia las montañas y el valle que tenemos desde nuestra casa. Y es que además, hay en la casa un salón de televisión ultra cómodo.
Hemos visto muchas series. En realidad es la única televisión que vemos salvo los Óscar, los Emmy y, por supuesto, los juegos de la NBA. Cuando no conseguimos algo que nos guste, no encontramos sitio. A veces me pongo a investigar, cuál sería una buena serie para ver esta vez, una que se parezca a esta o aquella que nos deleitó, nos hizo aprender y que realmente disfrutamos.
En esas averiguaciones google me recomendó Peaky Blinders y, le dije a Scott, mi esposo: ¨¿por qué no lo intentamos? Debo confesar que yo nunca me imaginé viéndola.
Y le dimos el chance.
Nos tomó exactamente 13 días ver las seis temporadas y la película, The Immortal Man.
Cuando terminamos le pregunté:
—¿Te gustó? Y me dijo que mucho, que había sido su favorita hasta ahora, y eso que hemos visto muchas favoritas antes.
A mí me encantó. Y no deja de sorprenderme lo que antes dije, nunca me imaginé viéndola.
Peaky Blinders, es una de esas series sorpresivas. Que te envuelven. Con personajes tan fuertes que se meten en el tuétano de tus huesos. Eso me pasó no solo con la Tía Polly sino también con Tommy Shelby. A parte de lo bien lograda y las magistrales actuaciones, el tema de los traumas y las tradiciones, es increíblemente bueno.
Sentí una compasión inmensa por Tommy y sufrí con todas las pérdidas que tuvo. Me he quedado pensando qué hubiera pasado con él si no hubiera ido a la guerra que lo traumatizó hasta más no poder y lo llevó a vivir, una segunda vida, como él mismo dice tantas veces, llena de equivocaciones y ansias de conseguir más y más. De callar a esos demonios que lo atormentaban una vez en silencio y sin estar haciendo nada.
Yo creo que Tommy no llegó a encontrar cómo nombrar lo que la guerra le dejó por dentro, y se pasó el restro de su vida justificanco ese silencio con poder, control y muchas otras cosas menos con las palabras que necesitaba decir.
Este es, creo, el punto de la serie. Esos demonios que no desaparecen porque no les ponemos nombre y, entonces, solo cambian de forma. Se disfrazan de muchas maneras y nos alejan de las personas que más nos quieren.
Me ha tocado ver de cerca que el silencio nunca es protección, es simplemente una forma de alargar el sufrimiento, pero solos.
¡Que tengas una linda semana!
Pili
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