Hace catorce años tuve una genial idea. Y hasta hoy, ha seguido poniendo comida en mi mesa. Y he cumplido mi propósito de ayudar a la gente en su bienestar integral.
Hace catorce años me convertí en entrenadora personal. Empecé trabajando en un gimnasio boutique, al que llegué como cliente y donde conocí las bandas de suspensión.
Al cabo de un par de días de estrenarme como entrenadora en ese sitio, un domingo en la mañana estaba dejando a uno de mis hijos en casa de un amigo, y me topé por casualidad, en la acera, con una pareja de viejos amigos que estaban ejercitándose. Y le comenté a ella a qué me estaba dedicando. Ella respondió al instante, —te llamo el lunes. Y así lo hizo.
Es mi clienta más antigua, ha estado conmigo desde el inicio, hace ya catorce años.
Ese mismo año, habían decidido incrementar la comisión. Recuerdo que llegué a tener un buen número de clientes. Y dije, —¡No!, así como una sola línea. Me voy para mi casa, pensé.
Y así lo hice. Me inventé el más bello gimnasio boutique en el comedor de mi casa. Y con ayuda de mis amigas diseñadoras, hicimos un espacio elegante y minimalista. Y me llovían los clientes. Y así seguí. Seguí por muchos años más. Hasta que llegó el Covid y las cosas se complicaron para los entrenamientos presenciales.
Pero una de mis clientas en ese entonces, me sugirió seguir las clases por whatsapp y facetime. Lo visualicé y se sintió posible. Lo mejor fue que todavía se sentía como algo presencial. Y así empecé con ella y las demás se unieron. Descubriendo que eran más consistentes y aparecían sin fallar los días que les tocaba entrenar.
Fuimos avanzando juntas. Recuerdo que perdí algunas clientas cuando llegó la franquicia de Orangetheory al país. Del grupo grande que llegué a tener, solo quedaron algunas. Las que le iban a sacar el mayor provecho a esta modalidad de entrenamiento por whatsapp y facetime al que pivoté. Me sentía feliz, porque estas chicas me siguieron dando la oportunidad de seguir sirviendo y ayudándoles en su bienestar integral.
Al día de hoy, son unas duras con la forma y técnicas en los ejercicios. Hemos cambiado un poco la forma de entrenar. Ya no usamos tanto las bandas de suspensión. Estamos mayorcitas. Necesitamos más peso. Usamos mancuernas.
Estamos bien, felices, fuertes y en forma. Y estamos trabajando no solo en nuestros entrenamientos, sino también en el diseño de nuestra vida a los ochenta años.
Si catorce años han pasado en un abrir y cerrar de ojos, pasará lo mismo con los próximos catorce. Los que nos pondrán a rondar los ochenta.
Me quedan seis clientas. La más antigua y las menos antiguas. La más joven y la más mayorcita. Ellas me han permitido extender mi carrera, hacer lo que me gusta y poner comida en mi mesa durante todos estos años. Aquí les dejo foto del grupo que me ha hecho vivir mi propósito, nuestra reunión más reciente por Zoom — esta vez, sí que fue presencial cien por ciento.
¡Feliz semana!
Pili
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Feliz de estar en este recorrido contigo, Pili! ❤️💪🏻