Mi artículo de la semana pasado no sobrevivió más de unas pocas horas. Lo borré. Lo tuve que borrar porque conté más de lo que debía. A veces pasa eso cuando escribes: se te va la mano.
Hablaba del fallecimiento de un amigo y vecino. Cuando lo escribí acababa justo de llegar de su funeral, y pienso que me quedó muy bonito. Cuando Scott, mi esposo lo leyó, me dijo: ¨Debes tener cuidado al nombrar a las personas¨. Claro, utilicé sus nombres. Qué cosa tan curiosa, siendo yo alguien que escribe ficción.
Entré en pánico, y lo que hice fue reaccionar en vez de responder. Pude haber vuelto al artículo y editar. Pero no. Me ganaron los nervios y lo borré del todo. Sin embargo, algunas personas llegaron a leerlo, y dos de ellas me dejaron saber que les encantó.
Después de borrarlo me quedó un vacío, pensando en que me había quedado sin artículo ese domingo y sin la publicación resumida en mi cuenta de Instagram. Y lo que hice, intencionalmente, fue soltar.
Me sorprendí pensando: lo escribí, lo publiqué y alguien debe haberlo leído.
Hoy pienso que el artículo cumplió su cometido, aunque sobrevivió tan solo unas horas, pero alguien lo leyó, alguien recibió el mensaje y dos personas me lo comentaron. Y lo agradezco.
Unas horas bastaron.
¡Paz!
Pili


