El esfuerzo por estar presente ha sido mi propósito en los últimos meses. La verdad es que no quiero vivir mis días en piloto automático sin percatarme de todo lo que ocurre a mi alrededor, incluso, dándome cuenta de la gente que me rodea. No hay cosa que haga sentir mejor a un ser humano que el ser reconocido, con un saludo, una sonrisa o un gesto amable.
Creo que este hábito me ha permitido notar, en el último mes, una gran manifestación de bondad en todos los sentidos. Desde finales de agosto al día de hoy he hecho dos viajes. Este año he tenido la suerte, buena o mala, de que todos mis documentos necesitaban ser renovados: primero viajé a Los Ángeles para renovar el pasaporte español, y luego a Santo Domingo, para renovar el dominicano y la cédula de identidad. Increíblemente, y digo increíblemente porque a veces, cuando las cosas salen tan perfectas no nos lo creemos, he vivido una jornada llena de bondad.
En todos los trayectos me encontré con gente súper bondadosa y servicial, desde la persona que me atendió en el Consulado Español, uff, ¡que suertuda!, hasta el piloto del avión que me llevó de Salt Lake City a Atlanta. Sí el piloto.
Me dirigía al avión y el venía detrás con una bandeja llena de vasos de café. Me hice a un lado y me dijo: ¨You are good, you are good¨, o sea, que no tenía que hacerme a un lado. Luego giró la cabeza y me preguntó: ¨Are you going to Atlanta?¨. Le contesté que sí y agregué: ¨mi destino final es Santo Domingo¨. Casi gritando me contestó: ¨I love Santo Domingo¨.
Ya en Atlanta, a las 5 de la madrugada, mientras me tomaba un café, el señor de la limpieza me saludó y preguntó que cual era mi próximo destino a lo que le contesté: ¨I am going home, to the Dominican Republic¨.
Las personas de mi amado Santo Domingo, no se quedaron atrás. Una lluvia de seres humanos que hicieron lo posible para que hasta mi llegara la más bondadosa ayuda y servicio, cerrando con el agente de Delta en el aeropuerto de Santo Domingo, lo saludé con una gran sonrisa y lo primero que le dije fue que no había llenado mi e-Tickect y el muy amablemente me asistió y me ayudó con algunos datos.
¡Ah! Se me olvidaba contar que en el vuelo Santo Domingo-Atlanta, mientras esperaba para ir al baño, salió de éste el mísmisimo Pedro Martínez, del que fui fan en sus días en los Boston Red Sox, no pude contenerme y le pregunté: ¿Tú eres Pedro Martínez? Y el contestó con un sí rotundo mientras extendía su mano y añadía, ¨es un placer conocerte¨.
Hasta el más temido momento, migración en Atlanta, dejó una estela de bondad. El agente que me tocó me atendió muy amablemente, sin prisa y con una sonrisa. Esto puede sonar increíble, pero fue una realidad.
Tengo ya tres días en casa y no dejo de pensar en cómo la bondad se ha desplegado en mi vida en el último mes, quizás había sido así antes, pero ahora es cuando he podido darme cuenta de esta bella realidad, cuando he decidido estar presente cada instante de mi día y percibir todo lo bueno que hay a mi alrededor.
¡Que tengas un linda semana!
Pili
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